Un problema y su solución siempre son vibraciones diferentes.

Cuando tenemos el sentimiento imperioso de arreglar las vidas de los demás lo que estamos en realidad sintiendo es la necesidad urgente de sentirnos bien nosotros mimos. Todo lo que hacemos para arreglar lo que consideramos problemas  de otros o del mundo es porque pensamos que  haciéndolo nos vamos a sentir mejor. Creemos que nuestro enfoque, nuestra opinión, nuestra acción o nuestro consejo, es decir nuestra creencia,  es la correcta.

Creemos que nuestro malestar viene de las circunstancias externas pero en realidad nuestro malestar siempre es debido a estar viviendo experiencias que no se alinean con nuestro ser interior .

Podemos tener la mejor intención del mundo que si nuestra vibración está alineada con el problema que queremos solucionar, lo que vamos a conseguir es ampliar ese problema.

Cuando queremos ayudar, arreglar,  es necesario encontrar primero el sentimiento de bienestar dentro de nosotros mismos. Desde ese sentimiento nos enfocamos y sentimos esa solución   porque aun cuando no sepamos cual es,  lo que si podemos es sentir lo bueno que la solución puede aportar.  La solución es bienestar  por lo tanto la vibración deja de estar alineada con el problema.

 La vibración del problema siempre es diferente a la vibración de la solución.

La primera es baja y atrae mas del mismo problema

La segunda es alta y atrae los beneficios de la solución

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